MONTEVIDEO, Uruguay
El líder de la Iglesia católica arribó a suelo uruguayo para una visita de tres días antes de seguir su camino hacia Argentina y Perú.
Tras ser recibido por el presidente, Yamandú Orsi, el Papa dio un discurso con referencias al prócer José Artigas y con énfasis en la salud mental y la necesidad de una política económica «que alcance a todos».
Aunque las estadísticas lo señalan como el país menos religioso en el continente, León XIV eligió Uruguay para iniciar su primera visita a Sudamérica desde que fue investido como líder de la curia romana, en mayo de 2025.
En efecto, la visita de tres días que abarcará a la capital, Montevideo, y las ciudades de Paysandú (oeste) y Florida (centro-sur), es la primera escala de un itinerario que también lo tendrá en Argentina y en Perú, donde residió durante cerca de 20 años.
Que el líder de esta religión escogiera a Uruguay para comenzar el trayecto no pasó inadvertido por la población local, que desde la tarde del 6 de noviembre se fue acercando muy tímidamente a la Plaza Independencia, frente a la sede de Gobierno, y a la Rambla, la avenida que bordea toda la costa de la ciudad sobre el río de la Plata.
Es que, además de apenas superar los 3,5 millones de habitantes, solo el 35% de la población se define como católico en una nación que separó a la Iglesia católica del Estado en 1917, e incluso, modificó los feriados religiosos como la Navidad para darles nombres laicos.
«Para nosotros los uruguayos es algo sublime que el Papa se haya fijado en un pueblito tan pequeño como Uruguay», dijo a Sputnik una mujer que esperaba, ataviada con banderas de Uruguay, cerca del escenario en el que habló el papa.
La entrevista, que no dio su nombre, también deseó que la presencia del sumo pontífice sirva para «sirva para abrir corazones y que no haya tanta violencia», en referencia a los problemas de seguridad que el país ha experimentado en los últimos años.
Otro joven consultado por Sputnik consideró que, en un país en el que la religión ha perdido pie, la visita de León XIV podría ser «una oportunidad para reavivar la fe» entre aquellos que se han alejado de la religión, así como «una bocanada de aire» para la sociedad en general.
Una mujer que también se acercó con banderas de Uruguay y un pañuelo con el rostro de León XIV dio su propia hipótesis sobre la elección de Montevideo como primera ciudad a visitar: «Es por los suicidios». Es que la nación sudamericana mantiene una tasa de suicidios de 19 cada 100.000 habitantes, lo que lo ubica en el primer puesto en la región.
El tema fue, de hecho, parte importante del discurso del Papa, que apeló a la figura del prócer de Uruguay, José Gervasio Artigas, y el episodio histórico conocido como «éxodo del pueblo oriental» o redota —cuando, en 1811, el pueblo presente en el territorio decidió seguir a Artigas para apoyar su revolución contra la Corona española— para estructurar su mensaje.
De ese modo, sostuvo que, así como el bronce del monumento a Artigas no muestra las penurias que pasaron en aquella época, en la actualidad «podemos vivir rodeados de personas y desconocer el peso que tienen consigo».
«La soledad, la angustia y la pérdida de esperanza pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo. Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables. Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia», dijo León XIV ante los uruguayos.
No fue la única referencia a la realidad uruguaya. El Papa también defendió «la vida que comienza y también aquella que todavía crece en el vientre materno y que todavía no ha nacido». La referencia despertó una ovación del público, en un sitio que legalizó la interrupción de los embarazos en 2012.
El discurso del pontífice también encontró espacio para referencias a la economía, asegurando que «la manera en que se orienta la economía termina repercutiendo directamente en las condiciones de vida de la persona y sus posibilidades de construir su propio futuro».
«La creación de riqueza, la inversión, la iniciativa económica tanto pública como privada son necesarias para el desarrollo de un país, pero sus frutos han de producirse en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos», enfatizó.
León XIV también recordó que «el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo», algo que, sostuvo, «conserva toda su actualidad ante los rápidos cambios de la tecnología y la inteligencia artificial». En ese sentido, sostuvo que «el desarrollo de esas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas» y pidió que «el que trabaja no quede reducido simplemente a una pieza prescindible dentro del proceso productivo».
Juan Andrés y Felipe, dos jóvenes estudiantes de un colegio católico de Montevideo, valoraron ante Sputnik particularmente que el Papa hubiera apelado a Artigas en su discurso y que también hubiera mencionado cuestiones actuales como la inteligencia artificial.
Rosana, otra mujer que habló con este medio luego del acto, dijo haberse quedado «impresionada» con cómo el Papa «se empapó de toda la realidad uruguaya», tanto en lo relativo a los problemas de actualidad como en sus referencias al prócer uruguayo y varios religiosos de renombre en el país.
Una mujer catequista que llegó a la Plaza Independencia junto a su esposo tras viajar desde El Pinar, una localidad costera a 30 kilómetros de la capital, señaló para esta agencia que la visita «es muy importante para los católicos», pero también puede serlo para todo el país.
«Uruguay necesita esa bendición porque atraviesa un momento difícil para el trabajo», aseguró.
Graziella, que también se acercó al escenario con banderas de Uruguay, afirmó que se retiraba con «la sensación de que Dios nos va a seguir ayudando y no nos va a soltar la mano». (Con información de Sputnik).





