TEGUCIGALPA, Honduras
La directora del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), Gabriela Castellanos, se refirió al premio Nobel de La Paz otorgado a la opositora venezolana María Corina Machado, y señaló que el premio no consagra una victoria, sino que denuncia la herida de un continente que aún llama paz a la costumbre de soportar la injusticia.
Castellanos destacó que, en tiempos en que los tiranos se disfrazan de demócratas y los pueblos aprenden a sobrevivir en silencio, “la voz que se alza con dignidad suele tener rostro de mujer”.
Para la directora del CNA, América Latina, continúa pariendo rebeldes entre el hambre y la esperanza, y Venezuela se ha convertido en un reflejo brutal de lo que ocurre cuando el poder confunde patria con propiedad.
Según Castellanos, la “distorsión” en Venezuela “es feroz”: un país que soñó con el petróleo como redención ahora se hunden en la paradoja de la abundancia vacía. Las riquezas no benefician hospitales ni escuelas, sino que engrosan los bolsillos de una aristocracia militar y socialista que perpetúa el hambre como método de control.
El Nobel concedido a Machado es más que un reconocimiento -prosiguió Castellanos-; es un espejo que Europa sostiene frente al Caribe para recordar que la democracia no se mide por discursos, si no por el derecho a disentir sin miedo.
“Machado es una mujer que no gobierna ni tiene ejército, desafía el miedo con su palabra firme y su resistencia pacífica, trastocando el guion de la dictadura”, alegó.
Castellano subrayó también el mensaje continental del premio, desnuda la hipocresía de una región que aplaude dictadores de izquierda con el mismo fervor con que denuncia a dictadores de derecha.
“En América Latina, aún hay mujeres que eligen hablar cuando todo el país ha aprendido a callar”, remarcó, y destacó que la libertad no tiene ideología y que el hambre no distingue colores partidarios.
Finalmente, concluyó que la paz, en este contexto, no es un diploma, sino una afrenta al despotismo, “el Nobel a Machado no redime la tragedia, pero la nombra, recordando que, incluso en un continente donde los dictadores envejecen aferrados al poder, una mujer con palabra firme es más peligrosa que cualquier ejército de ideólogos”.





