TEGUCIGALPA, Honduras
La Inversión Extranjera Directa (IED) gcayó un 27 por ciento durante el primer trimestre de 2026, de acuerdo con cifras del Banco Central de Honduras (BCH).
Los flujos de capital pasaron de 292 millones de dólares en el primer trimestre de 2025 a 213 millones de dólares en el mismo período de este año, una reducción cercana a los 79 millones de dólares.
La caída se enmarca en una tendencia que el propio aparato empresarial ha señalado como sostenida durante los últimos dos años.
Honduras cerró 2025 con un flujo total de IED de 881.2 millones de dólares, una cifra levemente inferior a los 900.8 millones de dólares reportados en 2024, lo que representó la segunda contracción interanual consecutiva del indicador.
Analistas de la iniciativa privada atribuyen el deterioro a una combinación de factores internos que han afectado la confianza de los inversionistas, entre ellos la percepción de falta de seguridad jurídica, la inestabilidad en el suministro eléctrico y la incertidumbre política.
De acuerdo con este diagnóstico, cuando un inversionista percibe que las reglas del juego no son claras y no existe certeza sobre la recuperación de su capital, opta por buscar otros destinos más competitivos dentro de la región centroamericana.
La estructura de la inversión extranjera en Honduras también ha cambiado en los últimos años. La mayor parte del flujo registrado no corresponde a la llegada de nuevas empresas o capital fresco, sino a la reinversión de utilidades de compañías transnacionales que ya operan en el país y que han optado por reinvertir sus ganancias en lugar de repatriarlas a sus casas matrices.
Según el cierre de 2025, las actividades financieras y de seguros concentraron cerca del 69 por ciento del flujo anual de IED, consolidándose como el principal motor de la inversión extranjera, mientras que la entrada de capital totalmente nuevo fue el segmento más golpeado por la contracción.
Especialistas en inversión han señalado además que, si bien Honduras no presenta un perfil de alto riesgo y mantiene una posición relativamente competitiva frente a sus vecinos centroamericanos, persisten obstáculos estructurales como los altos costos energéticos, la excesiva tramitología y la falta de una estrategia de promoción internacional clara y agresiva para atraer nuevos capitales.
La caída actual no es un fenómeno aislado. Honduras ya había registrado una contracción del 29 por ciento en la inversión extranjera durante el primer semestre de 2022 respecto al año anterior, equivalente a una pérdida de 125 millones de dólares, en un contexto marcado tanto por la transición política tras el cambio de gobierno como por la incertidumbre económica global derivada del conflicto en Ucrania.
En 2024, la IED también mostró un comportamiento irregular a lo largo del año. El segundo trimestre de ese año registró una caída del 81.5 por ciento respecto al primer trimestre, explicada principalmente por pagos que empresas domiciliadas en el país realizaron en concepto de préstamos hacia sus casas matrices, así como por una mayor participación de inversionistas residentes en Honduras colocando capital en el extranjero.
Pese a la contracción registrada en el primer trimestre, el Gobierno mantiene como meta cerrar 2026 con una inversión extranjera superior a los dos mil millones de dólares. Esa proyección contrasta con el comportamiento reciente del indicador y plantea el reto de revertir una tendencia que se ha mantenido por más de dos años consecutivos.
El Banco Central, por su parte, proyecta que la economía hondureña crecerá entre tres y cuatro por ciento durante 2026 y 2027, sostenida principalmente por la demanda interna, el consumo privado y una mejora esperada en la inversión privada, a la que el propio Programa Monetario identifica como el principal motor de crecimiento económico para los próximos dos años.
Ese mismo informe anticipa una reactivación del crédito, con tasas de crecimiento superiores al 10 por ciento tanto en 2026 como en 2027.
La discusión sobre cómo atraer mayores flujos de capital también ha incorporado en los últimos meses propuestas orientadas a diversificar los sectores receptores de inversión, entre ellas el impulso a la instalación de centros de datos y empresas de desarrollo de software, así como el aprovechamiento de la cercanía geográfica de Honduras con el mercado estadounidense como ventaja competitiva frente a otros destinos de inversión a escala global.





