Isla Conejo reaviva tensión entre Honduras y El Salvador, entre desmentidos y llamados a la calma

Redacción El Pulso22 julio, 2026

TEGUCIGALPA, Honduras 

La disputa histórica por la soberanía de la Isla Conejo, un islote de apenas 50 hectáreas ubicado en el Golfo de Fonseca, volvió al centro de la agenda binacional entre Honduras y El Salvador tras la visita oficial que el presidente hondureño Nasry Asfura realizó al territorio el 14 de julio, en el marco de la conmemoración del 57 aniversario del cese de hostilidades de la llamada Guerra de las 100 Horas de 1969.

El episodio derivó en un intercambio de mensajes públicos entre ambos mandatarios y provocó, además, la circulación de contenido falso que intentó escalar el tono de la controversia.

Durante su visita al islote, el mandatario hondureño encabezó una ceremonia de izado de la bandera nacional, en lo que las autoridades describieron como un acto de presencia que Honduras mantiene de forma periódica desde hace 13 años.

Días después, en un homenaje a los veteranos de guerra realizado el 18 de julio, Asfura insistió públicamente en que el territorio pertenece a Honduras.

«Isla Conejo le pertenece a Honduras. Hicimos un acto de presencia en la isla como siempre se ha venido desarrollando desde hace 13 años. Isla Conejo es de Honduras, es nuestra soberanía», declaró el mandatario ante periodistas, al tiempo que subrayó que, pese a la disputa territorial, ambos países mantienen una relación de hermandad como naciones centroamericanas.

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, respondió a través de su cuenta en la red social X, en un tono que combinó el descarte de cualquier intención bélica con un llamado a mantener los lazos entre ambos pueblos.

«Solo un tonto pensaría que atacaríamos a un pueblo hermano por una piedra donde no vive nadie y que no produce nada», escribió el mandatario salvadoreño, en una reacción que se produjo también en medio de la difusión de un video viral en el que una ciudadana hondureña agradecía la atención médica gratuita recibida en un hospital de San Salvador, ante la falta de capacidad de los centros de salud en su país.

Bukele aprovechó el mismo pronunciamiento para aclarar que la disputa territorial no alterará los esfuerzos conjuntos contra el narcotráfico en esa zona marítima, al señalar que su gobierno continuará interceptando droga en el Golfo de Fonseca de la misma manera en que lo hace en otras partes del mundo.

El intercambio se dio, además, en un contexto donde se registró un incidente diplomático menor: la ministra de Educación de El Salvador no pudo ingresar a los denominados exbolsones, hoy territorio hondureño, para entregar material educativo, debido a que se presentó en uniforme militar sin coordinar previamente su ingreso con las autoridades de Honduras.

El episodio generó también un brote de contenido falso en redes sociales. Circuló una publicación que atribuía a Asfura la frase «defenderé con mi vida la Isla Conejo, Bukele quiere apoderarse ilegalmente de ella», declaración que nunca fue pronunciada por el mandatario hondureño y que fue desmentida por el secretario de Comunicaciones del Gobierno, José Argueta.

De forma paralela, se difundió un video manipulado con inteligencia artificial en el que se hacía parecer que Asfura enviaba un mensaje directo y desafiante a Bukele, utilizando un audio generado artificialmente sobre una entrevista real concedida por el mandatario días antes.

Ninguna de las dos piezas de desinformación contó con respaldo en declaraciones oficiales verificables.

La controversia también abrió espacio a lecturas políticas divergentes a ambos lados de la frontera. En El Salvador, el analista político José Valdez planteó, durante un programa de entrevistas, que la postura asumida por Asfura respondería más a una estrategia de sus propios asesores para apelar al sentimiento patriótico ante problemas internos que enfrenta Honduras, que a un interés genuino de abrir un diálogo bilateral sobre el estatus del islote.

Valdez sostuvo que, en su valoración, «El Salvador no tiene absolutamente nada que ver ni nada que hacer al respecto», y calificó la posición hondureña como una disputa que el país libra en solitario.

En el plano histórico, la soberanía sobre la Isla Conejo ha sido motivo de diferencias entre ambos países desde el conflicto de 1969, un episodio que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Honduras y El Salvador durante 11 años y que afectó el funcionamiento del entonces Mercado Común Centroamericano.

El islote se ubica en el Golfo de Fonseca, un espacio marítimo compartido por Honduras, El Salvador y Nicaragua, y ha sido reclamado históricamente por autoridades y juristas salvadoreños como parte de su territorio.

El episodio se produce en medio de una agenda bilateral en la que ambos gobiernos han insistido, más allá de la disputa territorial, en mantener canales de cooperación, particularmente en materia de seguridad y combate al narcotráfico en el Golfo de Fonseca.

Hasta el momento, ni el Gobierno de Honduras ni el de El Salvador han anunciado ninguna acción diplomática formal adicional derivada de este intercambio de declaraciones, y ambos mandatarios han insistido en que la relación entre los dos países permanece dentro de un marco de respeto y hermandad centroamericana.

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